En Otra Vida

En otra vida

La noche ya ha empezado a mordisquear la mañana. Conduzco mi Derby Variant. Entre mis piernas tintinean 3 Xibecas, a mi derecha las olas mueren sobre las rocas, a mi izquierda el silencio me muerde. A lo lejos, propagado  por el ponente, empieza a esbozar la M.K.D. (La M.K.D. la bautice yo. A verla por primera vez, grite: Me Kaguen Deu!) . Estoy cerca, noto la saturación en el aire, sin dudas el Mussol y el Sapo están! Contorneo los setos que estatúan en medio de la plaza del mercadillo. Silencio… Han parado. Postro la moto y paso la mano entre los barrotes y abro la puerta. Desde arriba la voz poco armoniosa de Pepe suelta palabras pocas armoniosas también! Subo las escaleras y entro en otro mundo. Mucho humo, luz tenue y calor. El polvo quemado y en el ambiente siguen resonando los vestigios de la música. Las orejas que pitan, se habla fuerte.  Saludo a los chicos, beso a Belén. Sentado en medio de tu sofá, donde domicilias, te ayudo a levantarte y nos abrazamos. Estas enderezando el mástil  de mi Stratocaster  (Es una Fender, regalo de mi papa por mis 17). Al igual que la M.K.D., la Bruixa o la Rubia, la mía también tenía un nombre. Tenía un nombre en otra vida…imposible recordarlo. Reanudamos la noche con más drogas, rock y alcohol. Agonizamos con el día, las risas y los gritos cicatrizan en las gargantas. Nuestros tímpanos afilan la calma, las taquicardias se atenúan. Los cuerpos piden ducha, los cuerpo piden sueño. Cuerpos… A estas alturas del día, o más bien del ayer solo somos cuerpos… Cuerpos vacíos, que se han expresado hasta agotarse de creatividad.

Esa era mi vida, era nuestra vida.

El verano agonizado te fuiste a Valencia cuidar a Catherine y estar con tus niñas. Y el humo envolvió lo que quedo de año. Ese tumor te enviudo.

Volviste con la niña y a tutear los días.  Aprender a ser padre nunca supiste y erais niños cuidando un de otro niño. La enfermedad y el dolor te corrompían cada vez más, columpiándose con recuerdos de Ecuador. Vivías la noche, el día, no sabías cuando vivías. La rencorosa nostalgia te empezó a roñar como aquel  mal que se comió el cerebro de tu amada.

Esa era tu vida y la mía también.

Me dejaste la educación de “la Petite” porque las medicinas y el alcohol habían empezado a educarte. Reíamos mucho y llorábamos más aún. Esa maldita rencilla en tu rodilla. Y este sofá que te alojaba, dicen que es mala gente. Albergaba el diletantismo, los dedos de Django, los “Puente Manathan”  de Rory, la avispa de Napoleon, “El Albatros” de Baudelaire:

 “….Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos…

Repasaba los deberes de la niña con Johnny Winter y le enseñaba a planchar con “Le temps des cerises”.  Calmabas las furias de tus pesadillas, dominabas los gatos negros 2,3 meses hasta que vuelva a encontrarte  tirado por el suelo.

Era en otra vida… Y esa vida la había elegido yo.

Eras “El Lobo”, mi primo, mi mejor amigo, querías descansar y dejar de sentir. Querías alivio. Aquella noche decidiste morir y te deje morir.

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